Quisiera centrarme hoy en el
apasionante mundo de las lagartas, también conocidas como zorras,
que toda pareja que se precia tiene a su alrededor, incordiando.
Bueno, a los hombres no les suele molestar mucho su presencia ya que,
muy a menudo, ni siquiera se percatan de ella... además de darles
igual.
Empezaremos por la definición básica
del animalillo.
Lagarta: ser humano generalmente del
sexo femenino que se coloca en la órbita de una pareja (más o menos
estable, es igual; tienen paciencia) a la espera de cualquier mínima
crisis para atrapar al macho sin piedad, dejando a la hembra perpleja
y jodida.
Bien. Ahora, no piensen, amigas mías,
que se las detecta fácilmente. Son profesionales del
camuflaje. De hecho, no nos solemos dar cuenta de que hay una en
nuestro entorno hasta que no es demasiado tarde para quitárnolas de
encima. Es extremadamente difícil reconocerlas a priori. Andando por
la calle no hay huevos a diferenciarlas de las demás mujeres, ya que
pueden ser rubias, morenas, pelirrojas; sexis, normalitas o tener
nombre de putón verbenero o de santa.
Pero eso sí, el procedimiento es
siempre el mismo. Lo primero que hará será hacerse coleguilla de
vuestro hombre. Lo conocerá en el trabajo, en el barrio, haciendo
deporte, en fin, donde sea (están por todas partes, al acecho). Su
mejor arma es el orgullo tan enorme de nuestras parejas: se dedicarán
a cantar sus proezas, a que se sientan más valorados que por
nosotras, hasta llegarán a hacerse sus “amigas”. Eso sí, hasta
este punto (y a veces hasta más adelante), habremos ignorado la
jugada puesto que nuestro amado ni la habrá mencionado.
Lo siguiente será darle a nuestro
hombre la sensación de que lo necesita. Para cualquier cosa. Llévame
parriba o tráeme pabajo, arréglame el ordenador, no sé hacer eso
sola, quiero poner una red informática en mi casa (¿para qué?), quiero comprar cualquier mierda pero no entiendo del tema,
etc.
En ese momento es cuando “vemos”
por primera vez a la lagarta. Y ya tiene un tamaño... considerable.
De repente, nos dejarán tiradas en
casa para ir un domingo a formatearle el ordenador (suena mal,
¿verdad?), llegarán tarde porque han tenido que llevarla a su casa,
o quedarán a comer con ella, ya que “quiere agradecerme que la
haya ayudado con lo que sea”.
A estas alturas del culebrón, la
lagarta se transforma en "el putón ese".
Y ya la tenemos hasta en la sopa.
Resulta de que habla o se mensajea con tu hombre varias veces a la
semana (tu ni te habías enterado), o que llevan meses haciendo
deporte juntos (tu ni te habías enterado), incluso hasta conoce
amigos tuyos cuando tu, con suerte, la has mal visto un par de
veces. Y tampoco te habías enterado.
Por supuesto, todo aquel montaje acaba
en conversación “desagradable” con tu pareja porque la tipa ya
te sale por todos los poros de la piel. Tu hombre ni siquiera
entiende por qué te molesta. Pues a ver, señores. La lagarta-zorra
es una sub-especie femenina que TODAS conocemos y suele sacarnos de nuestras casillas. Quien más
quien menos ha tenido que enfrentarse a una en algún momento de su
vida. Estas señoras, queridos, se dedican a rondar la pareja, a la
espera de cualquier fisura, haciéndose pasar por confidentes
vuestras con el único motivo de meterse en medio y llevaros al
huerto. Todavía me cuesta no ponerme negra cuando recuerdo a una en
particular (hija de ****), y las otras la huelo a diez kilómetros.
Pero como sois, a veces, un poco tontos, os da igual porque la
paranoia es nuestra.
Lo peor de todo es que ya no encuentras la
manera de que el so-putón desaparezca de vuestra vida..
En fin, cualquier idea será
bienvenida.
Adieux!
No hay comentarios:
Publicar un comentario