17 de febrero de 2014

Marwan y Stephen Hawking

Reflexiones desde la incomprensión

Instantánea de Andrew Harper - Fuente aquí.

Dos noticias me han estremecido hoy, ambas con reflujo sirio. Aquel "pequeño" país sumido en una guerra civil de narices, que debería hacer que todo país desarrollado se sonroje con sólo mencionar su nombre. La primera de estas noticias, esta mañana, para bendecir la semana que acaba de empezar, venía de la boca de Stephen Hawking. El artículo - aquí el enlace, titulado "Un paso atrás en la civilización", no deja títere con cabeza entre el ganado humano. Por hacer un resumen un tanto fácil, viene a decir que nuestros instintos agresivos no nos permiten evolucionar como debiéramos, y más en estos tiempos en los que las mejoras a todos los niveles - ciencítificos, médicos, tecnológicos, etc. - deberían llevarnos a formar una civilización con cierta solvencia material y espiritual - ya véis como nos vemos hoy día. Dice muy exactamente que "Cuando coincide la tecnología con la agresividad ancestral toda la raza humana está en peligro". Y no le falta razón... 

Sobra hablar de la riqueza cultural de Siria, de su importancia en la historia de la Humanidad, de la pena que se esté destruyendo un patrimonio cultural e intelectual de primer orden. Es un hecho muy triste, pero no importa. No sería justo para las miles de víctimas que, en el mejor de los casos, están muertas en vez de caminando no saben ni hacia donde, bajo un sol abrasador, buscando familiares entre las ruinas de sus vidas, o muriéndose de asco y hambre en algún campo de refugiados. El grito de Hawking es, desgraciadamente, universal, y no entiende de patrimonio ni de relevancia histórica. Siria no es ni la primera ni la última región del mundo que se inflama por un conflicto basado, como siempre, en la nefasta naturaleza humana. Y si no, mira que tal van Afganistan, Irán o Irak, que son la puñetera cuna de la Humanidad y andan desgobernadas por intransigentes ególatras dispuestos a cargárselo todo con el beneplácito de medio mundo, incluidas nuestras bellas y complacientes naciones europeas.

También nos lleva a cierta reflexión al expresar que "con frecuencia me pregunto qué es lo que les debemos parecer a otros seres que nos observen desde el espacio insondable. Al contemplar el universo, estamos viendo unos tiempos pasados, porque la luz que procede de objetos distantes nos llega mucho, muchísimo más tarde. ¿Qué es lo que revela la luz que se emite hoy día desde nuestro planeta? Cuando otros vean nuestro pasado, ¿estaremos orgullosos de lo que les estamos mostrando? ¿Cuál es el trato que, en cuanto que hermanos, nos dispensamos entre nosotros? ¿Cómo permitimos que nuestros hermanos traten a nuestros hijos?". Pues éso me pregunto yo. Cómo permitimos tanta barbarie y tanta sinrazón colectiva... Menudo espectáculo estamos dando.

La segunda noticia, hace como una hora, llegó en forma de foto publicada por algún periódico en mi muro de Facebook - dentro de un rato ya todos hablarán de lo mismo. Un niño de cuatro añitos - Marwan - fue encontrado, por miembros de ACNUR, atravesando el desierto. Primero leí que solo, luego que con un pequeño grupo de refugiados pero vamos, éso no embellece la historia ni la hace más fácil de digerir. El caso es que el crío andaba en busca de algún familiar entre los refugiados sirios en Jordania al haber quedado separado de los suyos. La foto es la que encabeza el artículo, tomada de la cuenta de Twitter de Andrew Harper, cooperante de la organización por los refugiados que informa además que el pequeño ha encontrado a su madre.

Me asombra ser aún capaz de sentir pena, rechazo, o vergüenza - ajena y propia - en temas referidos al conflicto que sacude el país mediterráneo. Desde el bochorno internacional acerca del uso de armas químicas - hace ya meses - en el que palmaron sabe dios cuántas criaturas inocentes, no debería esperar nada positivo del conflicto que lleva meses - años - enconándose, radicalizándose... un poco como aquellos países africanos que sabes que SIEMPRE andan desgarrados por un estúpido conflicto entre hermanos... Pero la foto - y la breve historia - del pequeño Marwan me ha arrancado unas lágrimas y sacudido mi consciencia.

Una imagen que vale, perdonadme la falta de originalidad, más que mil palabras. Es la viva estampa de la soledad de las víctimas del conflicto sirio. Y no nos escudemos detrás del consabido "es que son terroristas, no se les debe ayudar": los que caen primero en estos conflictos son SIEMPRE los más débiles y los que menos culpa tienen de nada. Los verdaderos hijos de putas, en esta guerra y otras tantas, suelen estar muy a gusto en sus escondrijos - o bien disfrutando de la buena vida en algún país civilizado que luego, para lavar su imagen o acallar su consciencia, se llevará las manos a la cabeza al grito de "¡Naciones Unidas! ¡Naciones Unidas ya!"

La viva estampa de la impotencia de los cuatro valientes que acuden a estos sitios a intentar solucionar echar una mano aliviar ¿ayudar? a cambio de nada, presenciando escenas dantescas que posiblemente les quite el sueño el resto de sus vidas. A cambio de dejar atrás a sus familiares, amigos y hogares para meterse en un agujero apestoso y dejado de la mano de Dios, a codearse a diario con la muerte y la locura. A cambio de quizá recibir un balazo, o un spray de metralla. A cambio de que algún tarado que quiera jubilarse joven les secuestre y comercie con su coraje y su humanidad. A cambio de escuchar al primer mundo racanearles dinero porque "eso de las ONGs es un timo y no sirve para nada"

Pues lo que no sirve para nada, es apalancarse en el sofá viendo el telediario mientras nos inflamos de comer y protestamos porque nos dan el almuerzo. Lo que no sirve para nada es ponerse de los nervios por culpa de un partido de fútbol o de un árbitro. Lo que no sirve para nada es quejarse con la parroquia en el bar de abajo de lo mal que va todo. Lo que no sirve para nada es cambiar de canal cuando sale alguna organización pidiendo donativos y voluntarios porque están hasta el cuello con tanto que tienen que hacer y tantos lugares a los que tienen que acudir DESINTERESADAMENTE. 

Lo que no sirve para nada es escribir un artículo en un blog que no lee nadie, a las diez de la noche, porque un crío de cuatro años te ha metido un terremoto en el alma y en el corazón.

Hoy creo un poquito menos en el ser humano. Y era difícil...

Adieux.