11 de noviembre de 2012

Ratoneras

De la fiesta a la tragedia...
Hace una semana y media que ocurrió el drama. Miles de jóvenes hacinados en una sala de fiestas celebran la fiesta de Halloween, sin tener ni idea de que, sin lugar a duda, ésta sería la noche más terrorífica de sus vidas. Al menos para los que se vieron atrapados en la ya famosa avalancha; miles ni se enteraron de la jugada. De hecho la fiesta continuó. Cuatro criaturas murieron. Una quinta sigue ingresada, y se teme que las secuelas no le permitirán llevar una vida normal. Aplastadas, pisoteadas, asfixiadas... mientras la gran mayoría de los asistentes seguía a lo suyo. Una semana y media que los programas de actualidad están venga darle vueltas al asunto, pidiendo responsabilidades (no es para menos) e intentando dar con el/los culpables de la trágica situación. Y una semana y media que vengo diciendo que no ocurren más desgracias porque hay suerte...


Esquema del lío
Nada más leer la noticia del suceso, sospeché que el meollo de la cuestión residía en haber superado el aforo, y que no habría bastantes puertas de acceso. O sea, blanco y en botella. No soy más lista que nadie, es que he salido mucho y he visto muchas cosas. Y ahora resulta que las diferentes investigaciones están destapando éstas y más historias raras. Las cifras no son claras, pero se está viendo que, efectivamente, se superó con creces el número máximo de fiesteros del que podía soportar la sala. Además, parece que se revendieron las entradas que los primeros asistentes entregaron a los porteros - negocio redondo, y además en negro total - y que cuando acabó el botellón de turno que tenía lugar alrededor del recinto, cientos de jóvenes se saltaron los tornos, colándose en la sala que estaba ya abarrotada. Si a ésto sumamos que los asistentes entraban y salían, no es de extrañar que más de uno se quedara atrapado en un angosto pasillo, atropellado por ambos lados... En fin, es la historia de siempre con un trágico final que, muy posiblemente, se podía haber evitado...

Entiendo que es del todo imposible garantizar al 100% la seguridad de la gente en eventos multitudinarios, pero sí es exigible que cada uno cumpla con sus obligaciones para, al menos, reducir los riesgos a su mínima expresión. El local utilizado debe respetar la normativa de seguridad y tener sus licencias en orden. Eso es exigible por varios motivos, el principal, que nadie pierda la vida por querer salir y divertirse un rato. Debe haber personal de seguridad en número suficiente, proporcional a la cantidad de criaturas que van a acudir al lugar, acreditados y con su formación realizada. No matones de tres al cuarto que al cabo de unos minutos desaparecen de sus puestos de trabajo y que, llegado el momento, no dan pie con bola. Debe haber puertas de acceso - abiertas, por dios, que hay que explicarlo todo - para que los flujos de gente se vayan repartiendo por diferentes lados, y no a lo loco en una misma dirección. Así se evitan tapones, avalanchas y otros marrones por el estilo. Debe haber un mínimo de personal sanitario, capaz de responder en caso de crisis, con el material necesario para poder dar los primeros auxilios a cualquier herido que aparezca. Debe haber un control del aforo, y no esta locura por vender más y peor, ignorando las consecuencias que pueda tener el meter a cien personas en un roal apenas preparado para 20. Es imprescindible que, en caso de emergencia, los Servicios Públicos - bomberos, ambulancias, pasma, etc. - tengan fácil acceso a la zona, en vez de tener que detener los vehículos a tomar viento, perdiendo tiempo de respuesta y facilitando que las cosas vayan aún a peor. No recuerdo dónde escuché que si se hubiese declarado un incendio dentro del Madrid Arena, nadie habría salido con vida. Pone los vellos de punta pensarlo, ¿eh? Pues con la cantidad de bengalas y petardos que metieron allí varios descerebrados, ayudados por la incompetencia de los porteros, ya podemos darle las gracias al dios de cabecera por que no pasara nada más... 

Las instalaciones
Por otra parte, las Instituciones públicas que regulan esas cosas tienen la OBLIGACIÓN de hacer cumplir las leyes. En este triste caso, el pabellón pertenece al Ayuntamiento de Madrid, que parece que no ha hecho muy bien los deberes. El reciente ascenso de Gallardón le ha permitido endosarle el melón a la Botella, que debe estar acordándose del día en que pensó dedicarse a la cosa política. Bueno, eso si piensa. Hay un lío macanudo acerca de si el Madrid Arena tenía o no licencia para organizar este tipo de eventos. El tiempo lo dirá, pero os digo desde ya que no habría polémica si este tema estuviera en orden... Hay por allí quien dice-cuenta-comenta que los bomberos ya avisaron en su día de que el recinto no cumplía las medidas elementales de seguridad. Teniendo en cuenta que es una construcción relativamente reciente, da que pensar. El dueño de la empresa organizadora quien, por cierto, anda escondido por ahí, no cumplía los requisitos para poder lograr un contrato con ningún ayuntamiento, por moroso con Hacienda y la Seguridad Social. Todo un primor, el amigo... Ya sabemos como se hacen las cosas aquí, pero es un suma y sigue. ¿Quién le concedió entonces la organización? ¿Porqué no había ningún funcionario vigilando que se estuvieran respetando las condiciones de la misma? ¿Porqué se deja a cualquier presunto-mafioso forrarse en pocas horas a cambio de exponer a miles de jóvenes a un riesgo innecesario? ¿Qué pasa? Ah, claro, que  paga. Que las arcas municipales están tiesas, y viene muy bien alquilar lo que sea con tal de llenarlas aunque sea por dos días. Pues ahora a apechugar con las consecuencias... aunque ya sabemos de sobra que ésto no se estila por nuestros lares... De hecho ya están echando balones fuera. La empresa de "seguridad" contratada para la ocasión se desvincula del tema. El Ayuntamiento de Madrid denunciará a la organizadora y no quiere asumir, en general, ningún tipo de responsabilidad en el asunto, aunque van a poner en marcha una investigación interna para determinar si el consistorio ha cometido algún error. Por si acaso, han cerrado dos recintos para estudiar su viabilidad. Más vale tarde que nunca, pensarán. Y mientras, la Policía investiga como puede, en medio del sálvese quien pueda

Ana Botella, Alcaldesa de Madrid.
A nivel meramente humano, o moral, lo están haciendo aún peor, que ya es decir. El dueño de la empresa organizadora, un tal Miguel Ángel Flores, no ha aparecido desde el día D - ni se le espera. Ni siquiera un triste comunicado para lamentar los hechos y mandar sus condolencias a las familias de las fallecidas. La Alcaldesa de Madrid, en vez de disculparse en nombre del Ayuntamiento, o al menos de reconocer fallos y entonar el mea culpa, se fue de puente a un hotel de super-mega-lujo mientras las familias lloraban y enterraban a sus hijas. Eso sí, no dejó "ni un minuto de pensar en las familias y en lo ocurrido en el Madrid Arena". No se puede tener menos sensibilidad y más cara, oiga. Y por si fuera poco, un individuo que trabajó allí aquella noche, sin contrato por supuesto, salió por televisión - espero que gratis - para contar lo mal que llevaron el tema del control de entradas y de mochilas, y terminó la entrevista diciendo que él no se sentía responsable. Que si alguien no había hecho las cosas bien, no era su problema. Para que veáis en qué manos estaban los miles de jóvenes que acudieron allí... De película de terror.

Para más inri, los padres han tenido que escuchar a tertulianos de todo pelaje - y condición humana - llamar a sus hijas borrachas, drogadictas, irresponsables y me callo otras cosas poco bonitas. Han tenido que aguantar que les llamen malos padres por dejarlas salir de noche. Ni que estuviéramos en la Edad Media por favor. ¿Cómo se puede ser tan retrógrado y tan poco sensible? ¿Sus hijos no salen? ¿Ellos tampoco? ¿Quién se creen para llamar mal padre a uno que acompaña a su hija hasta la boca del metro? ¡Habrase visto! Me pareció repugnante, en programas de gran audiencia, tener que aguantar éso. Cuatro personajes creando opinión cuando estamos hablando de un drama que ha sido provocado por la desidia de unos cuantos... Qué fácil es echarle la culpa a los chavales, cuando lo cierto es que hay cantidad de lugares de ocio susceptibles de convertirse en ratoneras en cualquier momento porque NADIE  hace su trabajo como debe y NADIE controla lo que hacen, o no hacen. Como he dicho al principio, he salido mucho; bueno, supongo que como la mayoría de la gente. En locales pequeños o en otros más grandes. A conciertos multitudinarios o a fiestas más en petit comité. Y todos sabemos que fallan cosas por todos lados. Conciertos al aire libre con una triste entrada para decenas de miles de personas, discotecas y pubs en sótanos, con escaleras-trampa y, como no, una sola entrada/salida. Hablando de salida, la puertas de emergencia cerradas a cal y canto. Ausencia absoluta de extintores y de extractores de humo. Nada de personal de seguridad, sino porteros-matones tipo cobrador de morosos que sólo saben arreglar los problemas a mamporros... Y una cosa que NUNCA me ha pasado: que me dijeran que no podía entrar porque el local de turno estuviera lleno. En resumen: que cuando pase otra tragedia, volveremos a llevarnos las manos a la cabeza y a buscar culpables. ¿No era mejor prevenir que curar? Pues venga, a aplicarse el cuento...

La única conclusión que saco de todo ésto es que no sabemos en qué manos nos ponemos. Salimos a la calle con ganas de disfrutar y divertirnos, sin pensar que puede ser lo último que hagamos. No salimos pensando que vamos a morir pisoteados por una muchedumbre. No cogemos un avión pensando que nos vamos a estrellar porque un idiota ha pensado que no es necesario que un piloto luminoso de advertencia se encienda cuando hay un problema. No pensamos que nos ahogaremos en un crucero porque el capitán está borracho perdido en algún camarote con una fulana, en vez de mirar por dónde va el barco. No pensamos, a fin de cuentas, que nuestras vidas dependen del trabajo de incontables incompetentes, vagos y chorizos. 

Ni tampoco pensamos que, encima, le echarán la culpa a la hija que acabamos de enterrar. Desde luego, hay que joderse con las cosas...

Adieux!