6 de junio de 2012

El tiempo entre costuras, de María Dueñas

Portada del libro
Incontables blogs, programas de radio y televisión, periódicos, revistas, magacines, anuncios, amigos, conocidos y demás fuentes que no pienso revelar me llevaron a la lectura de El tiempo entre costuras, best-seller (perdón, superventa) y regalo obligado para fiestas varias. De hecho lo regalé, como hicieron otros tantos. Así se venden decenas de miles de copias de lo que sea. Lo que más me atrajo, en un primer momento, era la ambientación de la trama en el Protectorado español, concretamente en Tetuán, y en una época muy convulsa e interesante como es el estallido de la Guerra Civil y la incipiente Segunda Guerra mundial. Como me chifla todo lo que tiene que ver con lo colonial, y no he leído prácticamente nada sobre la presencia española en Marruecos, me las prometía bien felices. Y me equivoqué. En fin, con los libros, pasa lo mismo que con el cine: hasta que no lo leas no sabes si te va a gustar...



Según el blog eltiempoentrecosturas.blogspot.com.es, o sea, el oficial de la obra (en el que, de paso, he encontrado varias fotos con las que ilustrar esta humilde crítica), el argumento es el siguiente:


"La joven modista Sira Quiroga abandona el Madrid convulso de los meses previos al alzamiento arrastrada por el amor desbocado hacia un hombre a quien apenas conoce. Con él se instala en Tánger, una ciudad exótica y vibrante donde todo puede suceder. Incluso la traición.


Sola, desubicada y cargada de deudas ajenas, Sira se traslada accidentalmente a Tetuán, capital del Protectorado Español en Marruecos. Espoleada por la necesidad de salir a flote, con argucias inconfesables y gracias a la ayuda de nuevas amistades de reputación un tanto dudosa, forjará una nueva identidad y logrará poner en marcha un selecto taller de costura en el que atenderá a clientas de orígenes lejanos y presentes insospechados.


A partir de entonces, con la contienda española recién terminada y los ecos de la guerra europea resonando en la distancia, el destino de Sira queda ligado al de un puñado de carismáticos personajes --Rosalinda Fox, Juan Luis Beigbeder, Alan Hillgarth-- que la empujarán hacia un inesperado compromiso en el que las artes de su oficio ocultarán algo mucho más arriesgado."


Y ahora aviso de que voy a hablar del libro, no me digáis luego que os he jodido la lectura, que ya nos conocemos... Er que avisa no es traidor.

Nuestra prota, Sira Quiroga (empezamos bien, con un nombre rarito), es una muchacha madrileña, huérfana de padre (al menos al principio), criada por una madre soltera con mucho talento como modista, talento no recompensado a nivel económico. Dicha madre, en cuanto puede, la mete a trabajar en el taller de costura para traer un poco de dinero a casa, y porque algo tenía que hacer (lo de estudiar no daba dineros). Resulta que la niña gana experiencia y se convierte en una verdadera artista cosiendo, suscitando la admiración de Doña Manuela, su jefa. Su vida discurre de una manera apacible, sin riquezas pero sin penurias, con un noviete apañado que la quiere con locura y le abre los ojos a la posibilidad de aprender mecanografía para colocarse como funcionaria de la entonces República. Atraída por la posibilidad de no matarse a trabajar toda su vida por cuatro duros como su madre, salen en busca de una máquina de escribir, para aprender y poder presentarse a los exámenes, hecho que cambiará el rumbo de su vida. 

Imagen del Madrid de los años treinta
La máquina de escribir, lógicamente, no tiene ninguna culpa, sino como casi siempre un hombre. Un tal Ramiro, embaucador de tres al cuarto que se aprovecha de su incultura e inexperiencia para seducirla y amargarle la vida por muchos años. Pero ¿qué interés podía despertar en un estafador una muchacha de veintipocos años muy mona, sí, pero sin dinero? Pues aquí habemus el primer salto epiléptico que da la historia. "Primer" implica que hay más, y vuelvo a recordaros la "alerta spoiler", que aún no he empezado a cargarme el asunto. Madre e hija se distancian porque a la primera no le gusta el maromo ni la vida disoluta que lleva su hija con él, pero al cabo de un tiempo, se pone en contacto con Sira, diciéndole que por fin va a conocer a su padre. Nunca os imaginaríais que el progenitor es un hombre riquísimo, de buena familia, con contactos por toda la sociedad madrileña. Tampoco podéis intuir que no se casaron porque eran de clases distintas, o porque la familia de él se opuso, y cosas por el estilo. Bueno pues el buen hombre, que no ha visto a su hija durante veintitantos años, le regala un dineral y una cantidad indecente de joyas carísimas, así como un certificado en el que la reconoce como hija suya. Le recomienda además irse de España lo antes posible dadas las circunstancias políticas que se huelen ya a la legua.

Nuestra pequeña Sira embarca al final hacia Marruecos, a Tánger, pero no porque le hayan impactado las palabras de su padre: ella vive ajena a lo que pasa a su alrededor. Así esté ardiendo Madrid que la pobre ni se entera. Se marcha con su amor, cegada de pasión, y Ramiro aprovecha la inesperada riqueza que le ha caído del cielo para estafarla y acabar abandonándola a su suerte, embarazada, como no, en un país extranjero, sola y con unas deudas terribles por el ritmo de vida desenfrenado que llevan durante unos meses, y por sus asuntillos. Además, se le cierra la posibilidad de volver a Madrid con su madre (¿A estas alturas te acuerda de tu madre, alma de cántaro?) por unas denuncias por impagos que ha generado a nombre de ella. En fin. Huyendo del Hotel Continental de Tánger, acaba con sus huesos en Tetuán, sufre un aborto espontáneo y se pasa semanas en un hospital recuperándose de sus emociones.

Tánger, Hotel Continental y paseo marítimo
Calle de La Luneta, donde Sira conoce a Candelaria
La "resaca" es descomunal, claro. Apenas se recupera de su choque emocional que el comisario de Tetuán, Claudio Vázquez, se le pega como una lapa. Bueno, muy malo no es este señor, la verdad, porque llega a un acuerdo con el Hotel Continental en nombre de Sira, para que le aplacen el pago de la deuda. Entiende que ha sido timada y abandonada por un desalmado, y le explica claramente que, como España se encuentra en estado de guerra, es muy poco probable que las denuncias que tiene allí prosperen. La deja además al cuidado de Candelaria, "regente" de una "pensión" de mala muerte y muy ducha en todo tipo de trapicheos. Candelaria es mi personaje favorito, y lamento que desaparezca de la trama en cuanto deja de serle de interés a Sira. Andaluza malhablada, mujer de armas tomar, abandonada por un marido inútil, infinitamente más creíble que la débil y atontada Sira, capaz de salir adelante de cualquier manera, fuerte, tenaz y con un corazón enorme que no le permite abandonar a sus huéspedes, gentes extrañas que se han quedado atrapadas en Tetuán al cerrarse el paso del Estrecho por la guerra, y que poco a poco se van quedando a vivir gratis en la pensión, o eso se intuye porque ya os digo que Candelaria desaparece en cuanto deje de serle útil a la protagonista. Una pena. Yo le dedicaba otro libro.

Hemos aquí otro giro inesperado de la novela, y, como otros, me resulta un tanto inverosímil. Candelaria, que es pobre como una rata, al comprobar que la niña cose como Dios, decide montarle un taller de costura, en la mejor zona de Tetuán, para que le haga trapos a las ricachonas del lugar, principalmente alemanas. La procedencia del dinero que se invierte en tan magno proyecto es de las cosas más surrealistas que he leído en mi vida. Y en un periquete vemos a Sira, hace un rato desahuciada y con una depresión de caballo, codeándose con la cremdelacrem colonial, recibiendo halagos infinitos por su buen hacer, provista de telas maravillosas que nadie sabe de dónde salen (se entiende que de Candelaria y sus negocios turbios, pero ya apenas aparece en el hilo argumental), haciéndose rica por momentos. Resulta curioso cuando, hasta ahora, no se le ha visto especialmente espabilada hablando, llevando las riendas de su vida, ni muy al tanto de tendencias de moda ni nada por el estilo. En fin, como forma parte de su renacimiento personal, habrá que pensar que de repente se volvió avispada y que la sola ayuda de un vecino un tanto peculiar le permite convertirse en una diva. Por cierto, el vecino no tarda en desaparecer igualmente de la historia.

Imágenes del vestido "Delphos", de Fortuny
Sira conoce rápidamente a Rosalinda (Powell) Fox, al hacerle en un tiempo récord una copia de un vestido fabuloso, el famoso Delphos de Mariano Fortuny, para una recepción en casa de su amante, ni más ni menos que Juan Luis Beigbeder. Ambos son personajes históricos, reales, que sirven para colocar mejor la siguiente parte de la novela. En ese aspecto hay que quitarse el sombrero ante la autora, porque el contexto histórico (y geográfico) es preciso, muy bien documentado. Beigbeder no era otro que el Alto Comisario Español en Marruecos, y se convirtió con Franco, una vez terminada la Guerra Civil, en Ministro de Asuntos Exteriores, aunque durara en el puesto un suspiro. Por lo que he podido leer, el retrato que se hace de él en el libro es bastante exacto: apasionado de la cultura árabe, conciliador con los "locales", inteligente, mujeriego, excéntrico, etc. Acabaría conspirando a favor de los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial. En cuanto a Rosalinda (Powell) Fox, según ella misma dice en sus memorias La hierba y el asfalto, fue un alma libre a la que el mismísimo Churchill agradeció su labor en la sombra para evitar que España entrara en la Segunda Guerra Mundial y diera mayor apoyo a los Nazis.

Portada de la autobiografía de
Rosalinda Powell Fox
El General Beigbeder
Os preguntaréis qué hacen estos dos apareciendo en la vida de Sira. Pues nada menos que, después de varias peripecias, transformarla en un 007 amateur.

Cuando termina de pagar su deuda con el Hotel Continental, la siguiente preocupación de la modista es traer a su madre a Tetuán, por eso de sacarla de una España deshecha y tenerla cerca, principalmente porque su mala consciencia no la deja vivir. Viendo que a base de sobornos no lo va a conseguir, acepta la ayuda de Rosalinda, quien la pone en contacto con un supuesto periodista inglés, Marcus (acabará siendo el hombre de su vida), el cual, a través de un tercero, logra traer a la pobre mujer a África.

Al cabo de un tiempo, corto, porque en este libro todo ocurre a toda mecha, requieren a Sira desde la Embajada americana en Tánger, y le proponen abrir un taller de costura en Madrid, aprovechando su éxito entre las señoras de la élite alemana. La idea no es otra que les pase información a los aliados (a los ingleses, para entendernos). Y allí la vemos, convertida en Arish Agoriuq (su nombre al revés, gracias a dios todos son imbéciles y nadie se da cuenta), codeándose con la jet-set madrileña y llevando a cabo su misión con algún que otro sobresalto, provocado entre otras cosas por sus relaciones pasadas, de antes de huir de Madrid del brazo de un cretino, o por sus recientes amistades entabladas en Tetuán. Pero ella, a pesar de no tener ni idea de nada hasta hace dos días, sale airosa de todas las situaciones con las que se topa, por muy imposible que parezca a veces. En fin, que el libro acaba de forma extraña (diría yo que le "falta algo"), al terminar una "peligrosa" misión en Portugal, después de la cual se supone que cualquier cosa puede haberles pasado a Sira y compañía... De todos modos, tras tanta peripecia, no me extrañaría que se hubiese casado con Kennedy y hubiese construido el cohete que llegó a la luna...

En conclusión. El tiempo entre costuras no es mal libro. Se lee con facilidad (he leído críticas que decían que el vocabulario era un tanto básico, pero creo que no tiene por qué ser un defecto), no es muy largo y te transporta a lugares y épocas que, desde luego, son muy atractivos. Y lo hace muy bien. Lo que le reprocho es el aburrimiento que provoca a ratos, y que no ahonda en según qué cosas que fortalecerían la estructura de la obra (por ejemplo el contexto del Madrid de la pre, durante y post Guerra Civil, pero son más cosas las que se echan en falta). Los pensamientos de la protagonista son muchas veces absurdos, incoherentes, y no corresponden con el desarrollo posterior de los acontecimientos (por ejemplo siempre está acojonada y no se atreve a hacer algo, y luego, como por arte de magia, todo le sale bien). La aparición-desaparición de los personajes secundarios también es desconcertante, y en algunos casos no se sostiene de ninguna manera (por ejemplo, Candelaria la Matutera). Y sobre todo, lo que más me llamó la atención, es la secuencia cronológica de los acontecimientos. Todo ocurre en un plazo de tiempo muy corto, así como "de bulla y corriendo", sin ton ni son, permitiendo que una criatura prácticamente inculta llegue a ser alguien en los mundos de los espías internacionales...

Y que conste que me gustan las historias de superación personal. Conozco varias de primera mano, y respeto profundamente a las personas, y más si son mujeres, que se pasan la vida intentado conseguir "algo más". Pero no de una manera tan acelerada, ni estrambótica. No parece real. Entiendo que los libros puedan ser de ciencia-ficción, pero no esperaba esto de ése...
Relax, ¡tiempo de leer!

Adieux!