9 de marzo de 2012

Desaparecidos...

Resulta que hoy es el Día de los desaparecidos sin causa aparente (a parte de haberse cruzado con un tarado, supongo), y que actualmente, en nuestro país (España, por si me lee algún despistado), hay unas catorce mil criaturas a los que sus familiares, amigos y conocidos echan de menos. Entiendo que la mayor parte de los casos son de adolescentes que tienen una rabieta y se piran de casa para fastidiar a sus progenitores (o para correrse una juerga, que ya sabemos en qué tiempos vivimos). No es que lo diga yo, sino las fuerzas policiales, que alguna idea tienen sobre el asunto, y volveré a ello un poco más adelante. También habrá una buena proporción de adultos que decidan desaparecer del mapa por diferentes motivos, sin pensar en los que dejan atrás, ni en las consecuencias que tiene para su círculo más cercano no saber de su suerte.
Frase extraída de una canción de Maná
(la cual hace referencia a los represaliados por opiniones políticas bajo dictaduras)
Sigue diciendo:
¿... cómo se le habla al desaparecido?
Con la emoción apretando por dentro...
En la práctica, hay muchos tipos de desaparecidos, por ejemplo, los "políticos", quienes se merecen un artículo a parte, por cierto. Aquí, hemos estado un tiempo inmersos en el debate de si era o no conveniente buscar en las fosas comunes de nuestro país, e identificar vía ADN a los que allí "descansan", aunque sólo sea por el descanso de sus descendientes. Tema delicado, desde luego, sobre todo para sus asesinos y sus consciencias (algunos tendrán, digo yo). También vuelve a mi memoria los desaparecidos durante las dictaduras argentina, chilena, camboyana, etc. (hay legiones, desgraciadamente), o los que están desapareciendo ahora mismo en Siria o en algún recóndito lugar de África donde, no contentos con llevarnos de allí mano de obra gratis sin agradecimiento alguno, nos "fuimos" dejándolo todo hecho una mierda. Perdón: hecho un lío muy gordo.
Nuestros semejantes también desaparecen a raíz de catástrofes naturales. Recuerdo aún con cierta angustia las imágenes del tsunami de Japón, hace un año precisamente, aunque sobran los ejemplos deterremotos, inundaciones, tornados, erupciones volcánicas, en fin, toda esta parafernalia que usa nuestro planeta para irnos quitando de en medio a su ritmo. Debe ser una sensación extraña que te falte alguien por algo que no podemos controlar, y que nos devuelve a nuestro lugar en la existencia. Ayer estaba, hoy no. Como si se le hubiese tragado la tierra... Lo mismo que debe ser frustrante perder a alguien en un accidente, como un naufragio por culpa de un capitán juerguista o un avión que se pierde en pleno océano atlántico... o en un atentado. Cuántos no habrán aparecido de entre los restos de trenes reventados o edificios derrumbados por culpa de la estupidez humana. Dentro de dos días nos acordaremos de más de uno.

Y luego están estos casos de personas desaparecidas que tienen más o menos repercusión en los medios de comunicación. Estas últimas semanas, podemos ver cómo los programas de las mañanas tienen el guión solucionado con los pequeños de Córdoba, Ruth y José. También hemos buscado a Marta del Castillo, a María Teresa Fernández Martín, a Madeleine McCann, a la pequeña Mari Luz Cortés o, en su día, a Rocío Wanninkhof; entre muchos otros; famosos muy a su pesar, o anónimos, porque así lo desean sus seres queridos, o bien porque su caso no resulta atractivo para vender basofia televisiva. Estos desaparecidos lo son, claramente, porque alguien se los ha llevado.

Precisamente hace muy pocos días que estuve viendo cómo volvía a la palestra el caso del niño canario Jeremy Vargas, angelico mío. Es cierto que, aunque hayan pasado tanto tiempo desde su "desaparición" (prefiero la palabra rapto, que queréis que os diga, no creo que un crío de seis años se desaparezca solo, y menos en una isla), la familia procura aparecer regularmente en los medios para recordarnos que su pequeño falta de su casa. Pero esta vez fue la Guardia Civil quien convocó una rueda de prensa con datos nuevos, haciendo un claro llamamiento a la colaboración ciudadana en el quinto aniversario del suceso. Aquí os dejo el enlace oficial de la Benemérita, por si de repente se refresca alguna memoria, pues han dado bastantes detalles sobre coches y tal que no había oído hasta ahora.

Me dio una pena terrible ver esta familia rota, gente humilde se ve, la abuela llorando a lágrima viva por un lado mientras ponían el vídeo, y la madre más ilusionada que nunca por reencontrarse pronto con su nene... ciertamente las dos caras del machaqueo mental que debe suponer perder a un retoño... No puedo entender que a mí, que no tengo nada que ver en el asunto, se me rompa el corazón, y que el responsable ande por allí tan tranquilo, disfrutando de la vida. Hay que tener muy poca sangre en las venas y ser muy poco hombre (o mujer, seamos paritarios) para poder levantarse todos los días como si nada. Lo más triste de todo fue que, al día siguiente, la familia convocó otra rueda de prensa para anunciar que ofrecían una recompensa (les habrá costado la vida reunir una suma importante) a cambio de información concreta que permita llegar hasta el niño. 

Sólo quisiera decir que si a algún desalmado se le ocurre ahora acordarse de algo, le daba palos como premio en metálico por haberse callado durante un lustro y lo mandaba a la cárcel por cabrón avaricioso. 

En fin, que me pierdo con estos temas que me ponen negra. Para terminar, no voy a entrar en los motivos por los que la prensa se hace eco más de unos que de otros. No trabajo en los medios, no elijo a qué pueblo se le da cobertura cuando se rebela, ni tampoco qué catástrofe natural vamos a emitir hasta el vómito para alimentar el morbo de las masas y llenar horas de programas matutinos y telediarios varios.

Sólo quería tener un humilde recuerdo por todos aquéllos que, en su mayoría, eran personas como vosotros, como yo, que sólo querían vivir tranquilas. O, simplemente, vivir.

Adieux!