16 de diciembre de 2011

¿Qué hacer con los menores delincuentes?

¿Qué hacer con ellos?
Desgraciadamente, hemos tenido demasiadas ocasiones de quejarnos de la Ley del menor y, especialmente, de lo blanda que resulta cuando hablamos de crímenes violentos (con o sin resultado de muerte). Casos como los del Rafita, quien participó en la muerte horrorosa de Sandra Palo o, entre otros, el del Cuco, encubridor (como mínimo) en el asesinato y desaparición de Marta del Castillo, han puesto de actualidad el tema, aunque no haya surtido ningún efecto a nivel legislativo (por eso tan repetido de que "no se puede legislar en caliente").

Muchos nos hemos preguntado qué tipo de penas (o torturas, según) se debería aplicar a est@s mozuel@s, desde enseñarle civismo a encerrarles de por vida en alguna cárcel. Nuestros vecinos franchutes parecen haber dado un paso adelante, con una ley aprobada ayer por su Parlamento y que viene a mandarles a una academia militar. Pero no os asustéis, no se trata de enseñarles a disparar, sólo faltaba eso, sino de (intentar) inculcarles un poco de disciplina e intentar re-insertarles en la sociedad.

En un principio, la medida utilizará una infraestructura ya existente en Francia. Se trata de centros llamados EPIDe (así por encimilla, Establecimiento público de inserción del Ministerio de Defensa), que funcionan desde hace unos años como instituciones para evitar la marginación social y laboral de jóvenes con problemas escolares, sin empleo ni formación. En la actualidad, hay veinte centros en funcionamiento, los cuales albergan a criaturas de entre 18 y 25 años, quienes ingresan voluntariamente para recibir educación, estudios y formación. Parece que la cosa da buen resultado puesto que, según estadísticas, un 80% de los que acuden a esta "segunda oportunidad" logran integrarse en el mercado laboral y mejorar sus condiciones de vida (después de vivir allí como internos durante un mínimo de ocho meses y un máximo de dos años).

Algunas imágenes de los centros EPIDe

Los centros dependen del Ministerio de Defensa francés, entre otros, aunque no sólo hay antiguos militares impartiendo clases, sino profesores y personal civil. Su programa educativo, por lo que he leído, se puede comparar a nuestra Formación Profesional. No sólo incide en materias básicas como la lengua o las matemáticas, sino que hace hincapié en sectores que dan empleo, al menos en Francia (hostelería, transporte, asistencia a mayores e inválidos, administrativos, etc.), para garantizar que el alumno tenga posibilidades reales de encontrar trabajo en su campo. La principal diferencia es que además de todo lo anterior, se les inculca educación cívica y vial, el aprendizaje de la convivencia a través de la realización de las tareas domésticas, el respeto a la autoridad, a la ley y al orden. Todo esto completado con un riguroso entrenamiento físico. 

Joven lanzando un cóctel Molotov
En resumidas cuentas, la ley en cuestión pretende enviar a estos centros a los delincuentes de entre 16 y 18 años, siempre y cuando ellos, sus padres y el juez de turno estén de acuerdo, por un período de entre seis y doce meses. Supongo que esperan devolverles al buen camino a base de enseñarles valores como el respeto, la disciplina y el trabajo. No sé si será suficiente, pero por lo menos algo se mueve en el país vecino, puesto que para febrero del 2012 se espera el debate acerca del endurecimiento de la ley del menor, respaldada por la construcción de veinte mil plazas de cárcel adicionales y la puesta en marcha de un mayor seguimiento de los reincidentes, a los que se les impondría penas más duras que las actuales.

Todo ésto debería generar un debate, no sólo en Francia, ya que parece que las sanciones que existen hoy día no disuaden a nuestros "pequeños" de liarla parda siempre que quieran, algunas veces con consecuencias nefastas. De hecho, la idea me parece estupenda. Vamos, yo mandaba a más de uno a una Academia militar (o con la Legión) a que les enseñaran lo que vale un peine, a base de gritos y castigos. ¡Sí Señor! Lo que no sé es si la edad no es un poco tardía. Un crío de 16 años ya está más que hecho, es menos "maleable" que cuando es más joven. Casi seguro que lleva años delinquiendo, pasando de un centro de menores a otro, permabilizándose cada vez más a los sistemas de reinserción. Por otra parte, ¿no sería un peligro para los demás internos que están allí de forma voluntaria, aprovechando la oportunidad de labrarse un futuro mejor? ¿Es justo mezclarles con cuatro sinvergüenzas que no han querido cambiar, ni quieren en muchos casos?

En fin, está claro que todo se puede mejorar, y que hasta que no se pone en marcha una medida, no se puede conocer sus puntos positivos, ni sus flaquezas. Lo que sí debemos exigir a nuestros (nuevos) gobernantes es un gesto concreto, y no más palabrería, hacia el castigo eficaz de los delincuentes juveniles y reformar la actual Ley del menor que , desgraciadamente, se va quedando corta, entre violaciones, quema de coches y asesinatos... 

Porque al final, la Sociedad, que somos todos, es la que saldrá beneficiada.

Adieux!