9 de noviembre de 2011

La limpiadora y el montón de porquería...

Wenn's anfängt durch die Decke zu tropfen (Cuando los tejados comienzan a gotear), de Martin Kippenberg.
No es la primera, ni la última vez que alguien confunde una obra de arte con un gran montón de mierda. Pero es que viendo la foto de la obra en cuestión, me parece bastante normal que la limpiadora del Museo Ostwall de Dortmund se armara con su bote de Cilit Bang (ahora eficaz en más de cuarenta manchas) y diera buena cuenta de las "manchas de cal" que afeaban los tablones de madera... valorados en 800.000 leuros.

La obra, creada en 1987 y de dos metros y medio de alto, fue prestada al museo por un coleccionista particular que se mantiene en el anonimato (supongo que no querrá que nadie sepa quién se gasta semejante pastizal en un espanta-pájaros). Menos mal que la pieza estaba asegurada, pues al menos la pobre limpiadora (quien creo es la verdadera víctima de esta tragedia) no tendrá que ver peligrar sus ahorros, que no su puesto de trabajo, pues supongo que la habrán despedido... aunque no he leído nada al respecto.

De todos modos, me gustaría saber en qué momento pensó la señora que aquéllo no formaba parte de la exposición. He visto no sé dónde que la empresa de limpieza subcontratada por el museo da a sus trabajadores unas instrucciones muy estrictas en cuanto al desempeño de su labor. Por ejemplo, les tienen dicho que no se acerquen a menos de 20 centímetros de ninguna obra expuesta. ¿En qué momento, entonces, pensó la limpiadora que eso no era una pieza del museo? ¿Qué pensó que era? ¿Un trozo de escalera, algún resto de alguna obra?

Parece que la empresa de limpieza está pensando ahora en evaluar la capacitación de sus empleados para trabajar en el museo. Supongo que les darán clases de historia del arte (cosa que no les ayudará a identificar según qué cosa como exponente artístico de nada), les harán pases de horas y horas de diapositivas, para luego hacerles un examen tipo-test a ver quién curra en el museo y quién no... qué triste.

O más bien lo triste es que, hoy en día, un trozo de tela pintado de amarillo con el título "Azul" se considere arte y cueste un riñón. O que cuatro tablones de madera le quiten el sueño a una señora que, supongo, no ganará gran cosa tampoco. Ya ni conocemos la definición de arte, aunque viendo la obra agredida y cualquier estatua de Rodin, me parece evidente que hemos caído en la más profunda gilipollez...

El BesoAuguste Rodin

En fin. De haberlo sabido, habríamos dejado nuestra casa a medio construir. Si cuatro tablones de madera valen esta pasta, no me quiero imaginar el valor de ciento y pico metros cuadrados de hormigón, suelo cerámico o madera sin tratar; manchados de escayola, cemento, pintura, pisadas de albañiles y porquería indeterminada. Estaríamos forrados. Sin casa, ¡pero forrados!