19 de octubre de 2011

El documental de la sobremesa: la lagarta-putón


Quisiera centrarme hoy en el apasionante mundo de las lagartas, también conocidas como zorras, que toda pareja que se precia tiene a su alrededor, incordiando. Bueno, a los hombres no les suele molestar mucho su presencia ya que, muy a menudo, ni siquiera se percatan de ella... además de darles igual.

Empezaremos por la definición básica del animalillo.

Lagarta: ser humano generalmente del sexo femenino que se coloca en la órbita de una pareja (más o menos estable, es igual; tienen paciencia) a la espera de cualquier mínima crisis para atrapar al macho sin piedad, dejando a la hembra perpleja y jodida.

Bien. Ahora, no piensen, amigas mías, que se las detecta fácilmente. Son profesionales del camuflaje. De hecho, no nos solemos dar cuenta de que hay una en nuestro entorno hasta que no es demasiado tarde para quitárnolas de encima. Es extremadamente difícil reconocerlas a priori. Andando por la calle no hay huevos a diferenciarlas de las demás mujeres, ya que pueden ser rubias, morenas, pelirrojas; sexis, normalitas o tener nombre de putón verbenero o de santa.

Pero eso sí, el procedimiento es siempre el mismo. Lo primero que hará será hacerse coleguilla de vuestro hombre. Lo conocerá en el trabajo, en el barrio, haciendo deporte, en fin, donde sea (están por todas partes, al acecho). Su mejor arma es el orgullo tan enorme de nuestras parejas: se dedicarán a cantar sus proezas, a que se sientan más valorados que por nosotras, hasta llegarán a hacerse sus “amigas”. Eso sí, hasta este punto (y a veces hasta más adelante), habremos ignorado la jugada puesto que nuestro amado ni la habrá mencionado.

Lo siguiente será darle a nuestro hombre la sensación de que lo necesita. Para cualquier cosa. Llévame parriba o tráeme pabajo, arréglame el ordenador, no sé hacer eso sola, quiero poner una red informática en mi casa (¿para qué?), quiero comprar cualquier mierda pero no entiendo del tema, etc.

En ese momento es cuando “vemos” por primera vez a la lagarta. Y ya tiene un tamaño... considerable.

De repente, nos dejarán tiradas en casa para ir un domingo a formatearle el ordenador (suena mal, ¿verdad?), llegarán tarde porque han tenido que llevarla a su casa, o quedarán a comer con ella, ya que “quiere agradecerme que la haya ayudado con lo que sea”.

A estas alturas del culebrón, la lagarta se transforma en "el putón ese".

Y ya la tenemos hasta en la sopa. Resulta de que habla o se mensajea con tu hombre varias veces a la semana (tu ni te habías enterado), o que llevan meses haciendo deporte juntos (tu ni te habías enterado), incluso hasta conoce amigos tuyos cuando tu, con suerte, la has mal visto un par de veces. Y tampoco te habías enterado.

Por supuesto, todo aquel montaje acaba en conversación “desagradable” con tu pareja porque la tipa ya te sale por todos los poros de la piel. Tu hombre ni siquiera entiende por qué te molesta. Pues a ver, señores. La lagarta-zorra es una sub-especie femenina que TODAS conocemos y suele sacarnos de nuestras casillas. Quien más quien menos ha tenido que enfrentarse a una en algún momento de su vida. Estas señoras, queridos, se dedican a rondar la pareja, a la espera de cualquier fisura, haciéndose pasar por confidentes vuestras con el único motivo de meterse en medio y llevaros al huerto. Todavía me cuesta no ponerme negra cuando recuerdo a una en particular (hija de ****), y las otras la huelo a diez kilómetros. Pero como sois, a veces, un poco tontos, os da igual porque la paranoia es nuestra.

Lo peor de todo es que ya no encuentras la manera de que el so-putón desaparezca de vuestra vida..

En fin, cualquier idea será bienvenida.

Adieux!